¿Qué es el desarrollo humano?

Reflexión para trascender los límites de los enfoques

Dr. Héctor David León Jiménez,

Director académico IAPE Universidad

Presentación

¿Qué es el desarrollo humano (DH)? ¿Existe – es posible- una conceptualización, unívoca, clara y distinta? ¿Qué repercusiones teóricas y prácticas tiene la existencia de diversos enfoques sobre el desarrollo humano? ¿Qué consecuencias tiene plantear el DH centrando el objeto de dicho desarrollo en un sujeto colectivo: el país, la nación, la sociedad? O por el contrario ¿qué consecuencias tiene plantearlo solo desde la perspectiva de los individuos?

¿Por qué en el campo de las ciencias sociales y, particularmente de las ciencias económicas y la política pública, se ha asociado el desarrollo humano con crecimiento económico, con generación de riqueza, con bienestar, con progreso, con modernización? ¿Estas nociones, en todos los casos representan efectivamente desarrollo para individuos y colectivos humanos? ¿El desarrollo de un pueblo, de una comunidad, de un colectivo, de un país o una nación, siempre y necesariamente representa un desarrollo para las personas? Las anteriores son solo algunas entre muchas otras cuestiones que se pueden formular cuando se hace la pregunta ¿qué es el DH?

Al preguntarnos qué es el DH, somos conscientes de que seguramente no somos los primeros en plantearnos esta pregunta pero no por ello es imposible volver a plantearla o replantearla. Si la hacemos es porque juzgamos que sigue abierta en la medida que las respuestas teóricas que tenemos están limitadas frente a la complejidad de la realidad humana (individual y colectiva). Lo que aquí interesa es plantear el tema o, mejor, replantearlo como quien se acerca a él por primera vez, un poco ingenua, pero también con cierta insatisfacción, con duda, con sospecha. Las siguientes líneas tienen la intención de esbozar que en materia de DH, la pregunta sigue abierta. Por ahora, lo que este ejercicio pretende es presentar sintética y/o esbozadamente cómo la pregunta por el DH ha sido objeto de investigación y reflexión, lo mismo en el campo de las ciencias económicas que de las ciencias social y la salud como la psicología. Nos interesa señalar que ambos campos han generado aportes en nuestra comprensión del DH, de lo que somos como humanos, pero también en ambos hay límites y dilemas no resueltos.

Al preguntarnos qué es el DH, nos estamos preguntando por la posibilidad de una conceptualización que rebase los enfoques, que supere los límites y los dilemas. Obvio que no nos proponemos esa difícil tarea pero sí nos planteamos la pregunta y su relevancia.

 

  1. Desarrollo humano una noción polisémica y equívoca

Generalmente la noción desarrollo está asociada con crecimiento económico, acumulación de riqueza, ingreso, progreso, evolución, con orden, ventajas comparativas, privatización, sustentabilidad, inclusión, integración, generación e incluso con acumulación de bienes (Enríquez, 2010, pp. 14-15) con maduración, calidad de vida, salud, bienestar, educación, libertad, desarrollo de capacidades, derechos humanos, etc. (PNUD, 2010; Campos y Gaspar, 1989). Desarrollo es un concepto amplio y polisémico. Por ejemplo, en el campo de la educación, ha sido entendido el desarrollo en términos de formación de habilidades, saberes, competencias. En el campo de las ciencias de la salud, la psicología particularmente, la noción desarrollo, ha estado asociada con crecimiento “natural”, con maduración física y psíquica, desarrollo biológico, con procesos de percepción y objetivación, con dinámicas de autodeterminación. En el campo de las ciencias económicas hay una correlación entre desarrollo y riqueza, de hecho suele pensarse que riqueza (ingreso) es igual a desarrollo y su opuesto la pobreza (desempleo) es subdesarrollo (PNUD, 2010, p. 33). En otros campos desarrollo está asociado con capacidades y habilidades con libertades (Sen, 2004 y 2010; Nussbaum, 2012).

El hecho de que el desarrollo signifique muchas cosas representa ventajas, como desventajas. Entre las primeras está la diversidad de caminos y rutas para lograrlo. Pero ello mismo representa una desventaja porque en muchos casos no es posible lograr un desarrollo porque no se sabe con precisión lo que éste significa, lo que representa. En muchos casos, no hay indicadores claros o estandarizados, son tantas las técnicas o las metodologías que se utilizan para generar desarrollo. El problema radica en que cuando nos centramos en el desarrollo social, perdemos la mirada sobre los individuos concretos y cuando, nos enfocamos en los individuos y sus procesos, solemos olvidar como esos individuos están impelidos por los condicionamientos sociales, políticos, económicos en los que se desarrollan.

Son muchas las tesis, las teorías y los enfoques que han hecho del desarrollo un tema, una preocupación. Lo mismo podemos toparnos con tesis deterministas, naturalistas o de tendencia homogeneizante. Y en todos los casos, lo mismo los enfoques biologicistas o psicologicistas entrañan supuestos e implicaciones filosóficas. Algunas de estas teorías, enfoques o interpretaciones, entrañan visiones antropológicas naturalistas, ven en el ser humano principios fundamentales como nacer, crecer y morir y entienden que se trata de mecanismos autónomos; suponen que el desarrollo está asociado con un proceso natural. Se trata de una antropología –y por supuesto una epistemología, una metafísica- que en términos generales considera que la vida de un individuo tiene diversas etapas, en cada una de ellas hay un desarrollo que es entendido en términos biológicos, psíquicos e intelectivos. Desde esta perspectiva desarrollo es sinónimo de maduración, algunos concederán que para que se dé ese proceso se requieren de intervenciones o determinaciones, personales y/o sociales, pero en otros casos se afirma la idea de un proceso “natural”.

  1. El desarrollo humano en la teoría económica

Una revisión primaria de la historia del pensamiento económico en Occidente (Scheifler Amézaga, Xavier, 1994; Sen, Amartya, 1991; Friedman Rose y Friedman, Milton, 2008), nos permite ver que esta noción fue utilizada, desde la antigüedad –occidental-, particularmente en el campo económico; de las teorías económicas se deriva una noción de desarrollo. Teorizaciones también cargadas de supuestos; visiones que de hecho resultan ser incompatibles con las anteriores o entre ellas, en términos de su aplicación, medición, definición como programas o políticas.

El DH, desde la teoría económica, se entiende como “una condición social dentro de un país, en la cual las necesidades auténticas de su población se satisfacen con el uso racional y sostenible de recursos y sistemas naturales” (Reyes, 2001, p. 2). Un análisis detallado de la historia del pensamiento económico, nos permitiría ver que históricamente desarrollo está asociado con progreso, con crecimiento económico, con riqueza (Enríquez, 2010, pp. 13-21). Un ejemplo de este enfoque lo representa la teoría del capital humano; desde su perspectiva, una persona se desarrolla en la medida que sus habilidades y capacidades crecen y, si la persona crece entonces se dan las condiciones idóneas para incrementar la productividad. Las personas, el capital humano, es importante sobre todo si puede producir crecimiento (Londoño, 2006, pp. 118-119).

Un análisis de la categoría desarrollo nos permite ver que los grandes teóricos en materia de desarrollo son los economistas. En esta disciplina encontramos, solo en el siglo XX, figuras como Hayek, Keynes, Friedman, Samuelson, Dos Santos, Kliksberg, Castell, Sen… quienes desde el análisis económico y con una amplia fundamentación filosófica abordan el problema del desarrollo (Arango, 2004 y Enríquez, 2010). En las tres últimas décadas, se ha extendido una visión del desarrollo desde una perspectiva paneconómica. En el marco de la globalización neoliberal, los Estados nacionales han tenido que adoptar políticas públicas impulsadas por organismos multilaterales como el Banco Mundial (BM) o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) (Banco Mundial, 2000; Banco Mundial 2011), en ellas subyace una lógica de liberalización o de libre mercado (Laval, Christian 2004; León Jiménez, 2009).

Se entiende por desarrollo, en términos generales, el crecimiento logrado por los factores económicos. El desarrollo, en las teorías clásicas que lo abordan, es evaluado en términos del crecimiento del producto nacional (o en otros casos el producto interno bruto), de la industrialización, del ingreso, del avance tecnológico o de la modernización social. En términos filosóficos, la antropología que subyace es individualista y utilitarista. Interesa el individuo concreto, que produce, que genera rentabilidad. Se trata de una lógica instrumental y una antropología liberal donde “… los seres humanos son considerados como factores productivos (como un elemento más del mecanismo de la producción), y por consiguiente con un valor meramente instrumental” (Cejudo, 2006, p. 369).

  1. El desarrollo humano en el campo de la psicología

El ser humano es una realidad que trasciende su dimensión económica o social, esto le ha permitido ver ciencias humanas como la psicología; si bien está sujeto a las posibilidades y condicionamientos que le ofrece el contexto donde nace, crece y se desarrolla, también lo es que su condición humana, su apertura, su inteligencia y racionalidad, su condición de estricta individualidad le permiten no solo el distanciamiento y la ruptura de esos condicionamientos, incluso la negación de la misma colectividad humana que le vio nacer.

Cada ser humano es una realidad individual, una estricta individualidad, cuya realización-humanización está posibilitada y condicionada –también- por sus propias determinaciones, por opciones y deliberaciones. Diversas teorías y/o enfoques psicológicos han puesto de relevancia esto, la necesidad –el imperativo- que tiene cada humano de desarrollarse (definirse-construirse-trascender). Uno de esos autores es Maslow, para él las personas tienen dos tipos de grupos de necesidades: las básicas, ligadas a la naturaleza biológica de los seres humanos y las de autorrealización. Entiende que la satisfacción de las necesidades humanas, las básicas y las de autorrealización, suponen que el individuo pueda desarrollarse en el sentido de expansión de todas sus potencialidades (Londoño, 2006, p. 122).

Algunos enfoques de la psicología plantean el desarrollo en términos de las transformaciones cognitivas y biológicas que se operan en los individuos a lo largo de su vida y de la forma cómo se producen. Por ejemplo “el eje central del pensamiento piagetiano es la explicación psicogenética del desarrollo y la estructuración de conceptos desde la niñez hasta la adolescencia, estableciendo que se trata de un proceso subyacente al entendimiento, explicación y racionalización de la experiencia” (Campos y Gaspar, 1989, p. 2).

Si bien no podemos generalizar, sí podemos afirmar que en una inmensa mayoría de enfoques se asocia desarrollo con crecimiento y maduración en términos de edad cronológica y/o maduración genética y psicológica. Esto lleva a afirmar la existencia de unas etapas de desarrollo biopsicológico, donde a mayor edad cronológica, mayor madurez y desarrollo (Mansilla, 2000). Lo que tenemos en Piaget -y otros como Vygotsky- es una perspectiva individualista y biologicista, en cierto sentido naturalista, en uno más que en otro. Ambos entienden que hay una naturaleza humana frente a la cual el contexto o el entorno solo cumplen la función de potencializar o condicionar el desarrollo. Piaget y Vygotsky entienden el desarrollo como un proceso individual, vinculado a la edad; el desarrollo en su lógica se va alcanzando en momentos claves de la vida con mayor o menor ayuda del entorno y se perciben con cambios cualitativos en las destrezas y funcionalidades del individuo. “El desarrollo en estas perspectivas es un producto de la relación e interacción entre herencia y ambiente, es decir, de condiciones biológicas que están en la naturaleza de los sujetos y del aprendizaje (Londoño, 2006, pp. 123)”.

  1. El enfoque seniano

Por lo anteriormente expuesto es importante preguntarnos si es posible un enfoque que integre ambas perspectivas, que considere el desarrollo sin fragmentar la realidad humana. ¿Es posible o por el contrario, se requiere inventar un nuevo concepto? Esta es una parte del problema, otra es desideologizar a fin de precisar qué sí y qué no es desarrollo humano, obvio que ésta no es tarea simple, ni de una persona. Por ahora, lo que podemos hacer es preguntamos si el enfoque de capacidades de Amartya Sen y Martha Nussbaum representa esa visión integral del desarrollo. Lo es porque toma distancia de los enfoques clásicos y convencionales, porque supone una redefinición de las teorías del desarrollo. La apuesta es superar lógica economicista que se imbrica a las actuales conceptualizaciones: tanto por sus supuestos, como por sus implicaciones.

La virtud del enfoque seniano es que reconoce la diversidad biocultural de los seres humanos y desde su reconocimiento ha provocado modelos, proyectos, prácticas, políticas y programas que parten del reconocimiento de las personas concretas, toda vez que se busca que logren paliar las desigualdades sociales, económicas y culturales estructuradas e institucionalizadas. En nuestra perspectiva, el enfoque planteado por Amartya Sen (Sen, A. 1979; 2004 y 2010) y Martha Nussbaum (Nussbaum, M. 2005 y 2012), entraña las posibilidades de superar los dualismos y reduccionismos subsistentes, supone una ruptura con las antropologías individualistas que subyacen a enfoques clásicos y convencionales.

En estas perspectivas, hay una redefinición de la categoría de desarrollo, tanto en la visión paneconómica que impulsan los organismos multilaterales como la que está presente en enfoques y lecturas psicologistas y naturalistas. Entienden el DH como “el proceso de aumentar las oportunidades de las personas” (Cejudo, 2006, p. 365), con lo que provocan un giro en la conceptualización del desarrollo humano, primero porque no niegan la relevancia del contexto y los condicionamientos que éste genera, porque afirman la relevancia de generar riqueza pero en su visión “la verdadera riqueza de una nación está en su gente” y con ello afirman que “el objetivo básico del desarrollo –humano- es aumentar las libertades humanas en un proceso que puede expandir las capacidades personales toda vez que amplía las alternativas disponibles para que la gente viva una vida plena y creativa” (p. 366).

Esta conceptualización, de acuerdo con Londoño (2006), sitúa a Sen y a Nussbaum como los autores que han apostado por superar los límites de las tradiciones precedentes que hemos descrito. Nuestra valoración es que con este enfoque es posible la reconceptualización, que el mismo PNUD la ha asumido para la definición de sus programas y la medición de los Índices de Desarrollo Humano (PNUD, 1990 y Londoño, 2006).

La teoría de Sen “pretende ser un marco conceptual desde el que juzgar no solo el nivel de vida en un sentido material, sino en general el bienestar entendido como libertad para llevar una vida valiosa” (Cejudo, 2006, p. 367). Esta teoría entraña unos supuestos que se distancian de la filosofía liberal presente en el neoliberalismo, en la que categorías como bienestar no es entendida solo desde la perspectiva económica como apropiación de bienes (económicos). Libertad no es solo entendida en su sentido negativo, muy extendido en el ámbito económico, como supresión o eliminación de condicionamientos y obstáculos, en la visión de Sen la libertad puede ser entendida como  la capacidad real de una persona de ser o de hacer algo, lo cual modifica radicalmente el supuesto antropológico. Así “la libertad a la que se refiere esta noción de capacidad no es la libertad de la injerencia o la prohibición (libertad negativa), sino la libertad para conseguir resultados (libertad positiva) (Cejudo, 206, p. 374)”.

Esto es importante y nuestra valoración supone también un ejercicio de problematización y crítica a partir de un análisis de los supuestos filosóficos que entraña esta conceptualización. En nuestra visión, un límite está en su noción de liberad entendida como capacidad de hacer. A nuestro juicio, la persona humana puede hacer porque es libre de sus impulsos, de sus estímulos. Este juicio nos permite señalar que también la visión seniana entraña límites; son muchos sus aportes pero, no queda eximida de límites.

Conclusión: los límites de los enfoques

Aquí nos preguntamos por las consecuencias de enfocar el DH desde el sujeto individual o el sujeto colectivo. Nuestra conclusión es la exigencia de superar el dualismo toda vez que el ser humano es un individuo, una estricta individualidad que tiene que hacer su vida y procurar su desarrollo, personal y socialmente. Cada ser humano lleva en su vida a los otros y los otros, lo mismo le generan condicionamientos que posibilidades.

Una noción de desarrollo, vista solo como algo natural, progresivo y lineal, resulta desfasada e insuficiente, lo mismo la perspectiva que se centra solo en lo social. La realidad humana no es solo individual, su crecimiento, maduración y desarrollo no es producto de una supuesta naturaleza humana que entraña sus propios dinamismos; por el contrario, no hay tal naturaleza, lo natural en el ser humano se expresa en una biología que para realizarse (desarrollarse – humanizarse) requiere la intervención de los otros (lo social).

Un ejercicio de crítica filosófica nos permitiría ver que la antropología y la metafísica que subyacen en las teorías enunciadas, requieren ser cuestionadas y sustituidas por una visión que reconozca la dimensión social del ser humano y la relevancia de la socialidad humana en el proceso de desarrollo de cada individuo. Es necesario superar los colectivismos donde los individuos quedan subsumidos, se requiere una concepción que rompa los esquemas lineales y considere las rupturas, las discontinuidades, la complejidad de la realidad humana, que si bien entraña una dimensión biológica que condiciona su crecimiento-desarrollo, no es lo fundamental, toda vez que el ser humano no es mera biología sino una realidad biocultural y, que precisamente por serlo, por estar condicionado por la cultura, por la intervención de otros en su vida para su desarrollo, precisamente por ello, su desarrollo no sólo es individual, ni en una dinámica progresivo-lineal, ni natural.

La pregunta por el DH es una pregunta abierta por una doble razón, porque el ser humano es un ser abierto, inconcluso, inacabado, en este sentido qué sea el DH es algo que podemos predicar ahora, para los humanos que somos, seguro los que serán tendrán otras exigencias y demandas. En segundo lugar, la pregunta es abierta porque nuestras posibilidades de acceder a una conceptualización verdaderamente universal están limitadas por el hecho irremediable de que lo humano además de biología, es cultura y la cultura en sí misma es diversa, por ende resulta imposible plantearnos una conceptualización tal que corremos el riesgo de marginar especificaciones que podrían ser fundamentales para ciertos colectivos humanos.

Qué relevancia entraña este reconocimiento y qué exigencias plantea, en el caso de los que nos dedicamos al abordaje teorético de la realidad, se requiere una nueva epistemología que posibilite reconceptualizar la noción de desarrollo humano, parafraseando a E. Morín, se requiere pensar complejamente. En el caso de las instituciones con programas educativos en esta materia, no solo deben de reparar en los límites de los enfoques, sino en la tarea investigativa que se les impone por superar los reduccionismos. Los que realizan prácticas en este campo están obligados a replantear sus supuestos, sus técnicas y sus modos de acompañar, esto si efectivamente quieren generar auténticos procesos de desarrollo en sentido amplio.

Mtro. Héctor David León Jiménez

Licenciado en Filosofía y Ciencias Sociales (ITESO)

Maestro en Investigación en Ciencias de la Educación (UDEG)

Docente UNAG

hectorleon@unag.mx

Revista Pilares volumen V, número 12, páginas 5 – 7.

Referencias

  • Arango, R. (2004) Filosofía política y desarrollo. En Luis E. Hoyos (Ed.) Estudios de la filosofía política (pp.321-345). Bogotá: UEC – UNC.
  • Campos, M. Á. y Gaspar H, S. (1989). Los conceptos de educación y aprendizaje en la teoría piagetiana. Algunas implicaciones. En Perfiles educativos, 43-44 (pp. 3-10). México: CESU-UNAM.
  • Cejudo, R. (2006). Desarrollo humano y capacidades. Aplicaciones de la teoría de las capacidades de Amartya Sen a la educación. En Revista española de pedagogía, año LXIV, N. 234, Mayo-Agosto, (pp. 365 – 380). Madrid: Instituto Europeo de Iniciativas Educativas.
  • Enríquez, I. (2010). La construcción social de las teorías del desarrollo. Un estudio histórico/crítico para incidir en el diseño de políticas públicas. México: Miguel Ángel Porrúa.
  • Hernández, G. (1999). La zona de desarrollo próximo. Comentarios en torno a su uso en contextos escolares. En Perfiles educativos, 21, N. 85-86 (pp. 46-71). México: CESU-UNAM.
  • Londoño, S. (2006). Elementos para una re-visión del desarrollo humano y social: del progreso a la satisfacción con la vida. En Pensamiento Psicológico, vol. 2, núm. 6, ene.-jun. (pp. 115-135). Cali: Pontificia Universidad Javeriana
  • PNUD (1990). Desarrollo Humano. Informe 1990. Bogotá: Tercer Mundo Editores.
  • Reyes, G. (2001). Principales teorías sobre el desarrollo económico y social. En Nómadas, N. 4. Madrid: Universidad Complutense de Madrid.

RESALTADOS

Lo que aquí interesa es plantear el tema o mejor, replantearlo como quien se acerca a él por primera vez, un poco ingenua, pero también curiosamente o mejor, con cierta insatisfacción, con duda, con sospecha.

Al preguntarnos qué es el DH, nos estamos preguntando por la posibilidad de una conceptualización que rebase los enfoques, que supere los límites y los dilemas.

Cada ser humano lleva en su vida a los otros y los otros, lo mismo le generan condicionamientos que posibilidades.