El gran maestro y guardián se dividían la administración de un monaestrio Zen.
Cierto día el guardían murió y fue preciso substituirlo.
El maestro reunió a todos los discipulos para escoger quién tendría la honra de trabajar a su lado.
Voy a presentarles un problema, dijo el gran maestro y aquél que lo resuelva primero, será el guar´dián del templo.
Terminado su corto discurso, colocó un banquillo en el centro de la sala. Encima estaba un florero de porcelana seguramente carísimo, con una rosa que lo decoraba.
Este es el problema, dice el maestro - resuélvanlo!!
¿qué representaba aquello? ¿qué hacer? ¿cuál sería el enigma?
Pasó el tiempo sin que nadie atinase a hacer nada salvo contemplar el "problema", hasta que uno de los discipul@s se levantó, miró al maestro y a los alumn@s , caminó y ....
Antes de ver más abajo el relato: Detente un momento... ¿qué harían ustedes? ¿cuál sería tu solución? ....
CAMINO HASTA EL FLORERO Y LO TIRÓ AL SUELO, DESTRUYÉNDOLO.
Dijo el maestro - Al fin alguien lo hizo. Yo fui claro, dije que estaban delante de un problema. No importa cuan bello sea el problema, tiene que ser eliminado.
Cada respuesta que dieron, desde luego es valiosa. Actúa siempre de tal modo que tengas muchas posibilidades. Sólo hay que pensar respecto a dicha respuesta ¿qué refleja de ti? ¿cómo resuelves tus problemas? Y bueno, la respuesta que se maneja en el cuento, es una respuesta típica del Budismo Zen que es una espiritualidad muy práctica.
José Lara.
Cuento de la LA MEDIA COBIJA, pág 167, Compilador José Ángel Meraz carrasco.















