El apego y desapego en la relación de pareja

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El apego y desapego en la relación de pareja

por José Lara.

 

Introducción

Recuerdo una canción, creo que se llama “callejero”, la canta Alberto Cortez y hay un pedazo donde dice “porque lo que amamos lo consideramos de nuestra propiedad”. Y es que donde hay un “Yo” hay un “Mi” y tan pronto nos encontramos, nos enamoramos o nos enrolamos en una amistad tendemos a considerar al otro como un “mi”… mi amor, mi felicidad, mi complemento, mi amigo, mi esposa, mi novia, mi hijo.

Esto es similar respecto de las cosas y hasta de las ideas, las percibimos cosificadas y sin embargo, nos apropiamos de ellas como una parte del “yo” que tendemos a pelear por ellas “mi carro, “mi lap top” y decimos cosas como “me chocaron”, o bien, nos ofendemos cuando no se está de acuerdo con una idea y decimos cosas como “no estás de acuerdo conmigo”.

Esto es especialmente difícil en el amor de pareja, que tiende en nuestra cultura a una relación y drama de poder que se traduce en acciones de dependencia, sumisión, control o lucha, en un intento absurdo por fusionar al otro al Yo.  El otro extremo, es caer en una relación donde la independencia de cada uno, o de uno de los dos, se convierte en la prioridad con el riesgo de perder o no tener un proyecto de pareja en común y la constante demanda de quien se siente excluido. En esta reflexión, pretendo acercarme a posibles respuestas a la pregunta ¿cómo podemos generar una relación de pareja con un sano apego y desapego?

 

Un sentimiento de fusión.

La dimensión emocional es fundamental para el ser humano. Y sin duda, el anhelo y la necesidad de encontrar a una pareja con quien compartir la vida es para muchos –no para todos- una prioridad que ocupa buena parte de nuestro pensamiento e imaginación. Cuando se encuentra a una persona surge la ilusión. Erick Fromm, como la mayoría de nosotros, describe esta etapa de enamoramiento como “no hay un minuto de mi vida sin que tú me pases por el pensamiento”; son los nervios y el deseo por estar cerca de la otra persona; el temor al rechazo; la idealización de las cualidades y la ignorancia de los defectos.

Claro está que la química puede variar y que se dan diversas relaciones desde un gusto e interés leve, “una llamarada de petate”, hasta un enamoramiento que luego podemos decir que es amor. En términos generales, para el tema que nos ocupa, se complementa la emoción y la decisión de andar juntos sin perder la intensidad de la emoción.

Es la pareja que se manda mensajes apenas terminan de hablar por teléfono; si pueden pasan todo el día juntos; se ven todos los días; comparten su grupo de amigos y familia; sueñan con una casa, un viaje y/o con los nombres de los niños que tendrán, etc., hay un sentimiento de fusión: los gestos se igualan; se piensa de la misma manera; comparten los mismos gustos; se cede con facilidad; se siente un vacío enorme cuando no están juntos. Podemos encontrar en los ojos de la otra…del otro…nuestro propio rostro. Un rostro que nos gusta. Un rostro mirado con admiración, ternura, deseo. Ante esto, cómo no decir lo que diría Jaime Sabines: “odio lo que soy cuando no estoy contigo”.

El apego insano

El apego insano surge cuando este sentimiento de fusión se quiere prolongar en el deseo por conservar la experiencia que de manera inevitable tiende a cambiar en lo cotidiano de la vida. Relativamente pronto, nos empezamos a dar cuenta de que no podemos mantener el pensamiento centrado en la otra persona todo el día. Las ocupaciones cotidianas de trabajo y estudio absorben la mayor cantidad de tiempo fuera de la pareja. Las amistades nos piden tiempo personal. Mientras una quiere ir a correr a la deportiva el otro quiere una cerveza en la antigua paz.

Surgen las diferencias en la manera de pensar, sentir y actuar la vida…pronto empezamos a sentir con horror que el otro – la otra es alguien diferente al Yo. Ya estaba ahí como un otro…como otra… extraña, diferente, desconocido. Ese otro…esa otra…surge como tal en el conflicto. No sólo es diferente sino que se opone al Yo. Habla cuando quiero callar. Quiere ver películas cuando deseo pasear. Tiene familiares que no me agradan. No sólo se opone al yo deja de ser “mi” parte del “yo”.

Ese apego insano por el otro es un movimiento de apego por el yo, un intento por recuperar la expectativa, la necesidad y el deseo puestos en otra persona. Otro y otra tratan de hacer al otro y otra a su manera de pensar, sentir y actuar la vida como una extensión de sí mismos. Nos molesta y tratamos de cambiar lo diferente, al grado de rechazar lo que en un principio nos unió y que significábamos como complemento.

Desde esta distinción del apego podemos comprender la co – dependencia como un deseo por conservar la experiencia de fusión y la identidad. Podemos identificar diversas acciones como controlar, someter, manipular, chantajear, mentir, agotar el misterio del otro – otra, sobreprotección, pedir excesiva información, etc., como una manera de darle valor a la persona que tememos perder, en el apego a una experiencia de fusión que como toda experiencia es efímera.

La experiencia de fusión es resultado de la interacción de dos que se encuentran. De dos que se acoplan en ese momento de encuentro. Una experiencia que es pasajera y cambiante. Que se vive y se desea como algo permanente, sin principio ni fin, eterna, que se procura retener no sólo como experiencia sino como un aspecto fundamental del yo que sé es mirado en el otro – la otra en la interacción de ese momento. Pero, cada ser, como cada experiencia, va cambiando en un proceso de interacción constante.

El apego a una experiencia, a la persona y a la interacción que se dio en el pasado, nos hace negar en el presente la experiencia, la persona y la interacción actual. Muchas veces el presente de una interacción dañina que se vive con la expectativa de vivir en el futuro un pasado que ya pasó; ejemplo: se puede sostener una relación dañina por años por el primer mes de relación, frases como “es que era diferente” son comunes. Otras veces, el apego, no nos permite reconocer que la experiencia, las personas y la interacción de pareja están cambiando.

Del apego y desapego insano para la relación de pareja

“amor mío, hazme un favor…muérete” (Sabines)

A esos intentos de fusión y continua demanda por conservar la experiencia, la identidad y la interacción del pasado uno u dos de la pareja hacen lo posible por lograr la independencia. A cada intento de fusión el otro – la otra hacen el movimiento de distanciarse. A mayor demanda mayor distancia. Se negocia y se rompen los acuerdos. Se imponen condiciones. Es posible que uno de la pareja esté a favor de conservar el apego y se torna demandante, mientras que el otro esté a favor del cambio y se torna distante.

O intercalar el conservar y el cambiar de diferente manera, cada uno en el apego de preservar lo que considera su identidad en la interacción. En este tironeo se da la posibilidad que dos viviendo juntos estén separados, sin un encuentro y proyecto de pareja. Se polarizan las posturas. No sólo dejamos de mirarnos en los ojos de la pareja de manera amorosa; en sus ojos encontramos un rostro criticado, descalificado, minimizado u olvidado. La presencia del otro nos es extraña. Un atentado contra la identidad. Una cárcel. O como diría Sartre “el infierno son los otros”.

El apego y el sufrimiento.

Quizás uno de los mayores riesgos es el apego al mismo sufrimiento que nos da el sentir la pérdida del otra – la otra. Nuestra cultura nos enseña que cuanto mayor es el sufrimiento por una persona tanto más es el amor. Un amor paradójico: mientras se ama más a la otra persona menos se ama y se respeta a sí mismo. En el apego se sufre por amar y se conserva el sufrimiento como una prueba cierta de amor.

Podemos distinguir el apego insano porque éste va acompañado de sentimientos de culpa, ansiedad, agresión.

El Nosotros como un reconocimiento del otro.  

Pienso que este sentimiento de fusión invita a un sentido de pertenencia. Se crea el espacio de la relación de nosotros. Un espacio que incluye la individualidad en el encuentro. Un espacio del nosotros que compromete la palabra y la acción en la interacción. Sin este encuentro de cada uno en el nosotros no hay un sentido de pertenencia y de compromiso.

Una de las posibilidades para desprendernos del apego insano y conservar un desapego sano es cuidar el lenguaje en la relación. No somos un concepto que se pueda hacer estático y agotarse en una definición. No se es complemento...ni la vida…ni la responsabilidad de la felicidad del otro (Extrañar, Karina Sarmiento).

Esto se da en el momento de distinguir en el lenguaje el yo soy yo y tú eres tú, sin agotarse; el Tú es alguien con quien te encuentras y con quien compartes, quitas el “por” y el “para” de: “todo lo que hago lo hago por ti”, “no puedo estar sin ti” y “sólo vivo para ti”, para aprender a “caminar juntos”.

Sin duda, han escuchado o leído el poema de Frederick Perls (1893-1970), que en esta lectura o interpretación nos puede ser muy útil:

Yo soy Yo y Tú eres Tú

Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas y,

Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.

Tú eres Tú y Yo soy Yo.

Si en algún momento o en algún punto nos encontramos,

Y coincidimos, es hermoso.

Si no, pocas cosas tenemos que hacer juntos.

Tú eres Tú y Yo soy Yo.

Falta de amor a Mi mismo,

Cuando en el intento de complacerte me traiciono.

Falta de amor a Ti,

Cuando intento que seas como yo quiero.

En vez de aceptarte como realmente Eres.

Tu eres Tu y Yo soy Yo.

 Es decir, el requisito indispensable para que exista un Nosotros amoroso, un espacio de relación donde podamos coincidir, encontrarnos y disfrutar de la compañía mutua, es reconocer “el amor como todas aquellas acciones que validan al otro como un legítimo otro en la relación con uno” (Paráfrasis del Pensamiento de Maturana). No existe un Nosotros sin el encuentro de un Yo y un Tú.

El “Nosotros” surge de reconocer el “Yo” y el “Tú” sin apego – propiedad. Es en este caminar juntos que se dan momentos de encuentro de un yo a un tú que existe un nosotros que también es parte del yo.

En este Nosotros se da el dialogo en la coincidencia y la discusión en la diferencia sin drama de poder. Y es entonces cuando una simple sonrisa, una mirada y la sola presencia del otro – la otra nos puede hacer feliz...por momentos continuos de nuestra existencia que se dan sólo al compartir con el otro o la otra y que podemos decir “soy feliz contigo”. Sin embargo, podemos ser conscientes de que corremos el riesgo de sufrir al desear y esperar que sean para siempre y considerar que son de nuestra propiedad, es cuando podemos recordarnos a nosotros mismos y a la otra persona “también soy feliz sin ti”.

Los límites para el encuentro

Desde luego, en un Nosotros donde se da el encuentro también algo del Yo y del Tú se cede, se modifica y se transforma. Se cambian de manera indispensable aquellas acciones que fortalecen el ego – apego que pasa por encima e invalida al otro y se ponen los límites a aquellas acciones que invalidan al Yo. El poeta y monje Zen Tich Nhat Hanh lo expresa de manera bella:

Tú eres yo, y yo soy tú.
¿No es evidente que nosotros "inter-somos"?
Tú cultivas la flor en ti mismo,
para que así yo sea hermoso.

Yo transformo los desperdicios que hay en mí,
para que así tú no tengas que sufrir.

Yo te apoyo;
tú me apoyas.
Estoy en este mundo para ofrecerte paz;
tú estás en este mundo para traerme alegría.

 

Conclusión

En el desapego se pierde un poco del Yo o un mucho del Yo recalcitrante y ególatra que pretende hacer del otro – la otra una extensión de sí mismo. Podemos distinguir el desapego sano en algunas de los siguientes acciones: se conserva el misterio de cada persona sin pretender agotarla; cada integrante de la pareja conserva espacios de autonomía y soledad; se discuten las ideas y se retroalimentan las conductas no las identidades; se ponen límites a las conductas que dañan; se conserva el disfrute de estar juntos…etc.

Termino con un extracto del poema Asunción de Mario Benedetti que sin duda nos dará un sentido de cómo estar juntos sin estar revueltos.

 

Pero nunca será. Tú no eres esa,

Yo no soy ese, ésos, los que fuimos

Antes de ser nosotros.

Eras sí pero ahora suenas un poco a mí.

Era sí pero ahora

Vengo un poco de ti.

No demasiado, solamente un toque,

Acaso un leve rasgo familiar,

Pero que fuerce a todos a abarcarnos

A ti y a mí cuando nos piensen solos.

(Asunción de Ti, de Mario Benedetti)



 

Última actualización el Jueves, 05 de Agosto de 2010 19:51