La generación de la Utopía
Por José Lara.
Hace algunos años leí que el Obispo Don Hélder Cámara, el hermano de los pobres, dijo: “Cuando sueñas solo, sólo es un sueño; cuando sueñas con otros, es el comienzo de la realidad”.
Obviamente, no se refiere al sueño que podemos tener como individuos, que si bien requieren del apoyo de otras personas, se consiguen a base de esfuerzo y coraje, tales como estudiar una profesión, comprar una casa, viajar. El sueño del que habla el patriarca compasivo, es el sueño de la Utopía.
Esta bella palabra tiene dos significados en nuestra cultura.
El primero y más conocido: La Utopía como un sueño de los que niegan la realidad, el lugar metafórico de las ideas que no se pueden realizar. El idealismo que sucumbe ante la realidad adversa que podemos constatar a diario en las noticias: secuestros y extorsiones; pobreza extrema; ancianos trabajando en los mercados por unas monedas; profesionistas sin empleo; mujeres vendidas como objeto. Es decir, son fenómenos que cuestionan nuestra fe en una sociedad justa, que hablan de nuestro corazón humano, vacío y ansioso por el poder. Poder que se extiende a dominar la naturaleza y la economía global. Poder que se extiende al dominio del hombre por el hombre.
¿Cómo podemos hablar ante esta realidad de una Utopía donde los seres humanos se cuiden unos a otros?
El segundo significado y menos conocido: la Utopía como lugar posible de realizar apunta a crear las condiciones educativas, políticas, económicas y ecológicas, que sean más justas para una sociedad.
Una Utopía, con una visión holística, debe incluir todas las dimensiones complejas de una sociedad. Esta visión que emerge, en la actual crisis del posmodernismo y del neoliberalismo económico, busca el equilibrio sustentable entre la ecología, la sociedad y la economía.
Sin embargo, la visión holística profunda, apunta al corazón humano, como el lugar donde es posible realizar el cuidado del ser humano por el ser humano.
Es decir, está centrada en la tarea de humanizar al Ser humano. El sermón de la montaña, de Jesús de Nazaret, es la utopía de humanización solidaria del ser humano que cuida de otros seres humanos. Así, son dichosos, los que eligen la pobreza solidaria con los pobres, los que sufren y alivian el sufrimiento, los que trabajan por la paz y erradican su violencia, los que construyen la justicia, los perseguidos por una buena causa, los que dan ayuda y los que son limpios de corazón.
Es decir, cada ser humano se convierte en un sueño compartido, en una propuesta de utopía para la humanidad, si como fruto de un proceso trabaja su sombra y hace la tarea de hacerse mejor persona.
Termino, parafraseando, extractos del poema Utopía, de Mario Bennedetti.
Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el mundo se quedó sin utopías
cómo voy a creer
que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza
cómo voy a creer / dijo el fulano
que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea
cómo voy a creer / dijo el fulano
que la utopía ya no existe
si vos / (...) son mi utopía.















