Enseñar la alegría: navidad del 2010

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Enseñar la alegría pasa por el dolor: Navidad del 2010

Dr. Luis Armando Aguilar Sahagún

Enseñar la alegría pasa por el dolor. Porque hay que comenzar mirando que hay tanto de muerte en uno, tanto de mal, de malicia y de “yo”; tanto de arrogarse, apartarse, encogerse; tanto de utilizar al otro y de no hacerle caso, de no atender a su verdadera necesidad; tanto de desgastarse uno en nada, hacerse un utensilio sin utilidad para nadie; tanto de “NO” a la esperanza, a la luz; tanta cerrazón a la pureza de lo dado, de la recepción y del darse; tanto de duda, de timidez, de cerrazón ofuscada a la confianza,  de desconfianza al amor.

Enseñar la alegría es enseñar a amar. Por eso la alegría pasa por el dolor y sólo a través suyo.  Y por eso comunicar la alegría, es invitar al cambio de fondo, a poner al revés las miras, los pensamientos, lo torpe de los deseos y lo corto de los anhelos. Porque es invitar a la luz. Y la luz es verdad. Y la verdad es alegre, aunque duela. La verdad es humilde, porque abaja.

 Esto es aún más verdad respecto de la alegría de Dios. Todavía más porque es la buena noticia, la mejor noticia,  inimaginable para el hombre, mayor que todo lo que pueda esperar y desear. La alegría de un Dios que se vacía,  que se hace hombre para tocar el fondo de todo lo humano y, como acción de gracias, devolvérselo al Padre que lo envía y que lo recibe devolviéndolo como don del Espíritu, para que la alegre noticia sea anunciada y llevada a toda criatura. Como palabra verdadera, la más verdadera. Como acción en el gozo de desaparecer, de ser fundido y fundirse en el don. De gracias.