Reflexiones femeninas sobre el paradigma patriarcal

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Reflexiones femeninas sobre el paradigma patriarcal y la identidad de género

MTF. Tislim Magaña Murga

Este artículo surge a manera de dar una respuesta reflexiva femenina a la reflexión sobre el paradigma patriarcal y la identidad de género.  

Coincido en que  “comprender este fenómeno de la experiencia humana requiere de una aproximación compleja de los diferentes campos explicativos: biológico, psicológico y sociocultural,  desde una reflexión ética”, como también en que la identidad de género se aprehende desde los inicios de nuestra vida y por lo tanto forma parte de éste “esqueleto cultural que nos conforma” (1) tanto como individuos,  en lo social y cultural.

Coincido también con este autoanálisis masculino sobre las formas en que este paradigma ha fomentado un trato desigual entre hombres y mujeres.  Sin embargo, al leerlo me surge una pregunta muy inquietante: ¿y cuándo la mujer se mirará a sí misma con otros ojos?

Si lo que estamos buscando son “caminos y valores que nos den un sentido de re – ligación, de interdependencia y común – unión, basados en los valores de amor, respeto, compasión, justicia y libertad; traducidos en conductas que habrán de darle valor a la persona en la relación” (2)  entonces, creo, las mujeres deberíamos aprender a mirarnos de maneras diferentes.

Así, como de forma acrítica, tanto hombres como mujeres reproducimos este paradigma patriarcal, las mujeres hemos venido reproduciendo, de la misma forma, un “modelo” que en un momento pensamos nos podría equilibrar esta posición de desigualdad y abuso de poder: la liberación femenina.  Término que en sí mismo contiene el germen de la problemática actual; esta es una expresión que implica un cambio unilateral, nos posiciona como víctimas  y entre líneas implica una lucha de poder. Sin negar, que el mismo término y movimiento nos ha abierto los ojos a la búsqueda de la igualdad, menciono algunas desventajas:

Con este “modelo de ser mujer” pasamos de vivir en una complementariedad rígida, a una simetría encarnizada con el género masculino.  Nos hemos dedicado por décadas, a fin de crearnos una identidad diferente, a competir, luchar, demostrar y a final de cuentas a desgastar y desgastarnos, en medio de una lucha vana: la de demostrar que somos mejores, más inteligentes, más capaces y más multitalentosa que cualquier hombre.  Hemos pasado décadas tratando de ser hombres y revanchistamente ponerlos en la misma posición en la que estábamos/estamos.  Y esta postura no es más que la perspectiva patriarcal sólo que en el polo opuesto, por ello, quizás sería más conveniente hablar de paradigma de poder.

Las mujeres del presente nos encontramos en un paradojal mar de dos aguas: por un lado, tenemos arraigado en nuestros “huesos culturales” la creencia de que debemos ser “mujer, mujer” de aquellas que hacían tortillas de harina, cuidaban amorosamente a sus hijos, marido y casa y para quienes su máxima realización era tener una “buena familia”; y por otro lado ya también se encuentra situado en lo más profundo de esos mismos huesos, la creencia de que debemos superarnos, ser productivas laboralmente y que somos tanto o más capaces que cualquier hombre.

Y en medio de este mar de dos aguas vivimos y sobrevivimos agarradas del “flotador de la culpa”, culpa por no ser tan “buenas mujeres” o tan independientes y capaces como potencialmente podríamos ser.  Y curiosamente nos miramos siempre en esta dicotomía; sin embargo y al mismo tiempo no estamos dispuestas ni siquiera a cuestionar, mucho menos a abandonar las premisas de cada una de estas visiones de ser mujer que nos resultan sumamente convenientes.

Todavía buscamos un buen hombre que nos cuide, proteja y mantenga, (si se puede que nos abra la puerta, nos corteje y nos seduzca también); y al mismo tiempo tratamos desesperadamente de encontrar a un excelente compañero que nos apoye  y reconozca como personas, pero sobre todo que no sea tan pensante como para cuestionar la brillante idea de que “el dinero que yo gano es para mis cositas”

¿No será que ambos géneros estamos atrapados en esta dicotomía?, ¿no será que mutua y recursivamente nos estamos mandando mensajes sumamente contradictorios?

Así como se proponen líneas de acción desde la perspectiva masculina me gustaría agregar algunas desde el otro lado de la moneda, ya que a fin de cuentas generar este cambio requiere un cambio bilateral, requiere aprender a mirarnos, tanto hombres como mujeres de manera diferente, para así poder ver-nos en relación

  • Las mujeres necesitamos cuestionar los privilegios y ganancias que no estamos dispuestas a abandonar
  • Las mujeres necesitamos ser conscientes del uso y abuso que hacemos de nuestra propia indefensión y del poder no visible de las lágrimas; es necesario que reconozcamos cómo a través de estas tácticas manipulamos las relaciones
  • Las mujeres necesitamos aprender a hablar en primera persona, directamente sobre todo de nuestras necesidades, deseos, sueños y anhelos.  El lenguaje indirecto ya no es opción
  • Las mujeres necesitamos hacernos conscientes del poder que nos da “el ser cuidadoras”; el trapeador, la cocina y el amor de los hijos es otro poder no visible que no estamos dispuestas a compartir, aun y cuando sí queremos compañeros que nos “ayuden en la casa y con los niños” pero que no sean “tan buenos” como nosotras. 
  • Las mujeres de hoy necesitamos aceptar que no somos “supermujeres”, que es humanamente imposible cumplir cabalmente con estas dos tendencias.  Necesitamos entender que vivir estas dos partes que nos conforman como personas integrales requiere formar un equipo complementario con los hombres y por lo tanto implica  dejar algunos privilegios.

Considero firmemente que podemos encontrar estos caminos y valores que nos den un sentido de re – ligación, de interdependencia y común – unión, pero que sólo los encontraremos empezando a buscarlos juntos, tomados de la mano.  El primer paso está en poder ver-nos como personas, no como roles y estereotipos de género, ya que ahí está planteado en sí el inicio de esta dicotomía y de la división.

 

13 de marzo del 2008.

Curriculum Vitae

Licenciada en psicología por le Escuela libre de Psicología, A.C.

Maestra en terapia familiar sistémica por el Instituto Regional de Estudios de la Familia.

Psicoterapeuta familiar y maestra titular en la maestría en desarrollo humano y valores del Instituto Agustín Palacios Escudero.

 

Referencias bibliográficas:

Este ensayo lo puedes encontrar en www.iape.edu.mx se puede imprimir y reproducir citando las fuentes.

  1. (2) Lara, José. Una reflexión masculina sobre el paradigma patriarcal y la identidad de género. Marzo del 2008. www.iape.edu.mx