La creatividad es la madre de la estrategia.
I parte.
Por José Lara
Cuando era un adolescente, en secundaria precisamente, me leí todo lo que encontré de Gibrán Jalil Gibrán. Tiene muchos, de verdad muchos, cuentos, metáforas, aforismos, etc. Bucay les puede confirmar mi aseveración. Y sin querer los aplicaba en mi vida o venían a mi mente cuando necesitaba simplemente encontrar una respuesta a un aspecto de mi vivir.
Luego, en la juventud temprana, cuando andaba en la pastoral como religioso, la parábola y los mitos y las historias formaban parte de lo cotidiano pues en un tiempo, un año completo, me decidí a leer la biblia de Jerusalén de la primera a la última página. Lo curioso es que aplicaba los cuentos, aforismos y parábolas como un "resorte", como una respuesta ante algo o ante alguien en el momento de estar viviendo y compartiendo con los otros. Para las comunidades organizaba las fichas con el método de las comunidades de base y tomando la planeación de la historia de la salvación, es decir, llevaba un programa que les quería enseñar. Nunca terminé la Historia de la Salvación, no pasé de las primeras fichas. Me sentía mal por ello. Sin embargo, en la primera comunidad de adultos que tuve sólo la coordinadora Chayo sabía leer, los demás integrantes varones y mujeres de una cultura rural en un medio sub urbano, no habían aprendido a leer; así que Chayo me insistía en resolver este problema; dejamos las fichas para más adelante e hicimos en la comunidad la conexión con el INEA para alfabetizar. La coordinadora y yo aprendimos el método de alfabetización. Por otro lado, la comunidad de niñas adolescentes que tenía, cada vez que llegaba con mis fichas, me platicaban que, camino al templo para reunirnos, los niños les "tocaban las pompis", o bien, que a alguna de ellas el padrastro les había intentado tocar...es decir, contaban sus problemas. Así que dejaba las fichas a un lado y les daba técnicas de defensa personal, visitaba a las familias para platicar y hasta amenacé al padrastro con pelear si no se comportaba. Pronto me vi envuelto en sus vidas, entre los adultos y adolescentes, y ahí surgían los cuentos de Gibrán y las parábolas de Jesús y los aforismos de Salomón y las historias del Moreno, una versión latinoamericana de la vida de "Un tal Jesús" que vive entre los pobres de hoy. Sólo que parafraseados y solía poner entre los personajes a las mismas personas. Luego, cuando pasé del noviciado al filosofado, un par de años después, aprendí que a eso se le llamaba inculturizar el evangelio, pero esto es otra historia. Una parte de mí se sentía contenta con meterme en sus vida y que ellos y ellas, la gente de la comunidad, se hicieran mi vida. Otra parte de mí se sentía frustrada pues el programa de historia de la salvación, que narra la historia del Pueblo de Israel y cómo Dios acompañó su caminar, no lo pude terminar.
Años después, cuando empecé el entrenamiento en Terapia Estratégica e Hipnosis con inspiración Ericksoniana (un curso y varios libros) leía que las metáforas y las anécdotas eran un recurso del hemisferio cerebral derecho para licitar el cambio. Así que me dije que eso ya lo sabía hacer sin saber que lo sabía hacer. Retomé mis viejos libros de cuentos, aforismos y parábolas. Trabajaba en el Programa DIA y, junto con Margarita Chavira, como nuestra Jefa, Pina y Ana, empezamos a dar terapia a los adolescentes y sus familias. Y programé cuáles cuentos eran útiles para tales problemas o casos de pacientes. Escuchaba al paciente y rápido buscaba en mi archivo de la memoria el cuento necesario, o bien, buscaba el cuento y lo contaba en la primera sesión. O estudiaba el caso y buscaba en los libros la técnica útil para el caso. Muchas veces lo apliqué, otras tantas, no sé cuál más, al momento de estar con el paciente, aplicaba otro cuento u otra técnica que se me ocurrían ajustadas a la persona y a lo que me contaba. Una parte de mí se sentía frustrada de tomar distancia de las personas y de sus vidas, salvo el caso o problema pues aprendí a no dejar que entraran en mi vida. Pero otra parte de mí se sentía contenta pues podía aplicar el diagnóstico y las técnicas que estudiaba.
La estrategia requiere disciplina mental. Una observación sistemática que diagnóstica e interviene a favor del estratega o de lo que el estratega quiere conseguir. La creatividad es espontanea y ocurre en el momento del vivir como una respuesta a lo que se está viviendo o se desea vivir.
Saber las técnicas y aplicarlas nos hace técnicos. Saber hacer el diagnóstico de la pauta recursiva y aplicar las técnicas que rompan la pauta y perturben para el cambio nos hace estratégicos. Saber cómo despertar la creatividad de manera estratégica nos hace geniales. La creatividad es la madre de la estrategia.
Dirigido a las alumnas y alumnos de la Especialidad en Terapia Breve.
Módulo de Terapia Breve Estratégica.
IAPE CIENCIAS HUMANISTAS
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20 de Noviembre del 2011















