Lo fundamental de ser padre: un reto en el proceso de la separación.
Por Jorge Antonio Enríquez Mendieta
Probablemente usted ha leído la frase “he aprendido que cuando un niño recién nacido toma a su padre con su pequeña mano, lo engancha a él para siempre”. Muchos de los que son padres podrán constatarlo. Sin embargo, las cifras referentes a datos relacionados a la paternidad y el cumplimiento cabal de sus responsabilidades nos dicen que hay un preocupante número de casos y situaciones en los que el mencionado efecto de “enganche” no surgió efecto.
El presente trabajo tiene como objetivo reflexionar sobre lo fundamental de ser padre, sobre las responsabilidades y obligaciones que un hombre debe cumplir, y los derechos de los cuales puede gozar independientemente del tipo de familia en la que exista la relación padre-hijo. Se pone especial énfasis en la relación padre-hijo dentro del fenómeno de separación conyugal.
En primer lugar se aportará una definición de ser padre, en segundo lugar se mencionarán los diversos tipos de familia en los que existe una relación padre-hijo, en tercer lugar se analizarán las obligaciones y derechos que ofrece la paternidad, y en cuarto y último lugar se concluirá con una reflexión con la que se cierra el presente ensayo.
Ser padre.
A diferencia de la relación de pareja, la cual se presenta entre dos personas adultas, la relación padre-hijo se presenta entre una persona generalmente adulta y un ser indefenso y dependiente de cuidados los cuales van cambiando junto con la edad del niño. Esto significa que las responsabilidades y obligaciones también van cambiando conforme el niño crece. Esta relación puede vivirse mientras ambos habitan la misma casa o, en el caso de las familias que se han separado, mientras papá habita otra casa diferente, ya sea en un lugar cercano o en otra región.
Diversidad de la estructura familiar.
Es innegable el cambio que ante los cambios socioculturales actuales, la estructura y dinámica de la familia ha sufrido modificaciones considerables. Los roles familiares ya no son los tradicionales, los hombres ya no son el principal proveedor en muchos casos. Los hijos ya nos ven a sus padres de la misma forma en la que los nuevos padres veían a los suyos.
Según Goldberg (2004), “lo que se entiende por familia, históricamente ha ido cambiando y diversificando los patrones y procesos inherentes a ella”; por lo tanto, sería lógico pensar que lo que conocemos como familia en la sociedad de nuestros tiempos, presente modificaciones adaptativas a las influencias sociales, económicas, religiosas y culturales, es decir, el marco histórico-social en el cual se desenvuelve. Esto significa un reto para la educación en valores y el cumplimiento de responsabilidades filiales pues dichas modificaciones hacen susceptibles de incurrir en carencias en estos aspectos.
La familia actual como institución primordial de la sociedad desempeña ciertas funciones básicas que le son propias. Una de ellas es la enseñanza-aprendizaje de conductas, formas de pensar, normas, conceptos y valores. Los valores surgen primordialmente en el individuo por influjo y en el seno de la familia, con la socialización entre sus integrantes. Para que se de esta transmisión de valores son de vital importancia la calidad de las relaciones con las personas significativas como los padres y hermanos (Goldberg, 2004)). La separación puede someter a la familia en su conjunto en un periodo de crisis que puede ser o no favorable, pero durante el proceso de cambio suelen provocar ansiedad, inestabilidad, dolor afectando las relaciones entre los integrantes de la familia.
Ante el actual panorama en el que es posible encontrar una diversidad de realidades relacionadas con la estructura familiar, diversos especialistas han estudiado dichos fenómenos. Es así como Lara dice, “nuestro concepto de familia se ha de ajustar a lo que existe en la cotidianidad. Sin este elemento previo, corremos el riesgo de descalificar e invalidar la experiencia de muchas de nuestras parejas, padres, niños y adolescentes, que viven diversos estilos de ser familia.” (Lara, 2010)
La estructura familiar es un factor que influye de cierto modo sobre la función de la misma y por lo tanto de sus miembros; sin embargo, no hay evidencias concluyentes que demuestren que una estructura específica garantice la sana función, desarrollo y convivencia familiar por encima de las demás.
La familia sigue al matrimonio, o al menos esto es lo ideal. Es posible ayudar a construir un panorama mejor para la pareja, la familia y la sociedad desde este enunciado para las parejas que aun estén a tiempo, pero para los casos en donde materialmente esto no es posible, es necesario proponer y validar otras estrategias de acuerdo a su situación.
De acuerdo con López (2010), en México el 20 por ciento de las familias han experimentado separación en la pareja. Aunque la fuente no lo menciona, seguramente muchas de estas parejas separadas habrán procreado uno o más hijos. En muchos otros casos es sólo la madre la que se hace responsable del cuidado del hijo por ausencia del padre, y en otros casos, la ausencia de ambos progenitores hace que algún familiar o conocido se haga responsable del cuidado del niño o que el menor sea protegido por otras instancias como casas hogares.
“Hay que saber cómo planificar armoniosamente cumpleaños, actos de graduación, vacaciones y otros acontecimientos familiares… …un niño que vive con un padre y su nueva pareja no tiene una familia deficitaria, no padece falta de afecto… …porque hay que terminar de una vez por todas con el mito de que un niño sólo es feliz cuando vive con su mamá, su papá y sus hermanitos, y de que las familias tradicionales son las únicas felices. Porque las familias ensambladas constituyen un verdadero desafío a la capacidad de convivencia e incitan a aprender nuevas formas de compartir la vida”. (Goldberg, 2004)
La importancia de la familia radica en que es el escenario primario de aprendizaje de los afectos y de la manera en la que nos vinculamos con los demás. No son pocos los estudiosos que nos han informado de la importancia que tiene la presencia paterna en el desarrollo de un niño, al punto de considerarse imprescindible.
Por lo tanto, en palabras de Lara, se concluye que:
“La familia es un contexto de convivencia que es generada por un grupo de personas que comparten la vida, pueden vivir bajo un mismo techo, en otra casa o en una zona geográfica distante… … Se hace presente en la interacción cuando se acepta al otro, y va desde la caricia de un bebé que toca el rostro, el beso de la despedida a la jornada diaria,… … Implica, de manera indispensable, la ternura y el cuidado, que tiene que ver con la cercanía en el recibir al otro cualquiera que sea su condición, que se refleja en ejemplos como: el del hermano mayor que protege a su hermano más pequeño, el que abraza y está presente cuando el otro está llorando, ocuparse del bien estar, etc… … También tiene que ver con utilizar los sentidos de manera concreta: ver, tocar, oler y oír al otro y darse cuenta de su presencia en la relación. Sentidos que de manera subjetiva, mandan el mensaje implícito y explícito: Me agrada que existas, así como eres, como alguien valioso y diverso en sus circunstancias de edad, etapa de vida; como en su manera de pensar, sentir y actuar”.
Obligaciones y derechos de la paternidad.
“La libertad humana implica interdependencia: lo que otro haga o deje de hacer me beneficia o perjudica” (Polaino, 2010). De esta forma, el dejar de hacer en lo referente a las obligaciones de rol de padre tiene como consecuencia una condición de desventaja para el niño que carece de esos cuidados.
Es en el reconocimiento de paternidad con lo cual nacen todos los derechos y obligaciones del padre con el menor. La ley protege al menor. Sin embargo, esta es la última opción mientras los hombres son obligados, pues el compromiso moral debe anteceder a la obligación de la autoridad jurídica o judicial.
La relación padre-hijo se ve determinada en gran medida por el tipo de familia en la que se genera, y en su caso, el tipo de separación la cual varía en función a diversos factores como el tiempo que duró la relación, tipo de convivencia, etc. y no es conveniente referirse a este fenómeno como si fuera un sólo momento o situación específica pues es un proceso que tiene distintas etapas como la etapa de pre-separación o postergación, separación o toma de decisión y post separación. (López, 2010). La etapa de pre-separación se caracteriza por la constante postergación de una decisión de separarse de la cual a veces se duda. En esta etapa es muy probable que se experimente una relación conflictiva y violenta, o por el contrario, indiferencia y alejamiento emocional. Se presenta una relación fracturada, deteriorada y fría. Esta etapa puede durar meses o años, por lo que a pesar de mantener una aparente estructura familiar tradicional, se ha convertido indudablemente disfuncional. Este momento es la etapa ideal para recibir apoyo y asesoría espiritual y profesional pues las posibilidades de encontrar solución al conflicto y recuperar el vínculo afectivo son mayores. Si por el contrario, la decisión de separación fuera inminente, este es el momento más indicado para preparar a todos los miembros de la familia y enfrentar de mejor manera la separación. Lo anterior permite evitar muchos de los errores que se cometen en las siguientes etapas propiciando una separación saludable.
Los principales errores que cometen los padres con respecto a los hijos durante el proceso de separación van desde querer comprar su amor, competir para ver quién es el mejor papá, hablar mal del otro frente a los hijos, usarlos como mensajeros, usarlos como rehenes del chantaje, usarlos de espías de la vida del otro, usarlo como un pretexto para llevarle la contraria al otro, usar al hijo como premio o castigo del comportamiento de los padres o como botín del padre que más se logre imponer (el niño es un sujeto, no es un objeto), ponerlos en contra del otro, discutir frente a ellos, exponerlos a pláticas en las que papá o mamá se quejan del otro, criticar u ofender al otro, presenciar discusiones o agresiones físicas o verbales entre los padres o con otros familiares y personas ajenas al conflicto lo cual sólo empeora las cosas, compararse y competir con el otro, tomar el papel de víctima frente al hijo, castigarlos o hacerlos sentir culpables de los problemas por los que pasa la familia, omisión de cuidados, intentar persuadirlos de no respetar y dejar de querer al otro, hablar por los hijos y decidir por ellos tendenciosamente sin saber lo que el hijo piensa o siente, asumir que el hijo siente o piensa lo mismo que el padre o madre, mostrar enojo o celos por la relación del hijo con el otro, negar la posibilidad al hijo de convivir con el otro. Estas situaciones son más dañinas que la separación en sí. Todos estos ejemplos inmiscuyen a los hijos en un conflicto que son de pareja y deben ser evitados.
Los hijos son fin y medio de nuestro amor paterno y no son un medio por el cual papá y mamá liberan sus conflictos no resueltos.
Ambos padres deben esforzarse por procurar mantener ante todo la autoestima, la estabilidad, la seguridad y la disciplina en los hijos.
La separación es un momento doloroso para los integrantes de la familia pero no necesariamente debe convertirse en una guerra y mucho menos los hijos deben formar parte de ella. Esto provoca más daño y más dolor y que el proceso se extienda en el tiempo afectando más etapas de la vida y el desarrollo del niño.
De inicio, López (2010) nos dice que la mayoría de las parejas en proceso de separación se rehúsan a creer que pueden estar haciendo algún daño a sus hijos. De cierto modo, ellos necesitan convencerse a sí mismos de esto para no sentir culpa por la decisión que están tomando, aunque esto tenga un efecto temporal lo que produce que tarde o temprano el padre experimente ese sentimiento que al principio negó.
En algunos casos, la separación definitiva no se concreta y se logra la reconciliación la cual deberá llevar un seguimiento profesional para garantizar la funcionalidad de la pareja y de la familia, en otros casos la separación es la solución, y en otros la separación empeora el conflicto, dos de cada cinco casos, como lo indicaron en el 2001 Papalia, Wendkos y Duskin. (López, 2010)
Madre sólo hay una, y padre también; un padre no debe asumir que lo que él no hace ya lo hará otro. Es de reconocer a los hombres que sin tener obligación natural alguna sobre los hijos de su pareja, asumen el rol de padres dándoles manutención, cuidados y afecto. De acuerdo a la psicología, esto tiene un efecto positivo sobre el niño pues tiene la posibilidad de convivir con alguien que le brinda la imagen masculina, necesaria para que se logren concretar ciertos procesos de madurez en el niño. Sin embargo y a pesar de los beneficios ya comentados, el afecto que el niño recibe con el vínculo afectivo con su padre biológico no deja de ser indispensable y trascendente para el niño.
Más allá de proporcionar el sustento, cosa que en si ya significa cierto interés del padre por el hijo, la relación padre-hijo se fortalece cuando se frecuenta la convivencia estrechando así los vínculos afectivos. El vivir en la misma casa no es garantía de que esto se cumpla, así como el que el padre viva en otra casa no lo impide. El tiempo deberá ser de calidad más que de cantidad.
Con el surgimiento de la Carta magna de Los Derechos del Niño se establece, entre otros, que el niño tiene derecho a tener padre y madre, a conocerlos, tratarlos y, sobre todo, que ellos cumplan sus obligaciones de garantizarle una familia, salud, alimentación, educación, etc. Estos derechos son considerados por Polaino (2010) como “irrenunciables, no negociables y constitutivos del ser del hijo” debido a su sustancial influencia en el desarrollo cognitivo y emocional del niño. Adicional a esto, el autor confiere importancia al hecho de que la familia es bicéfala, es decir, reviste de vital importancia la igualdad entre las relaciones madre-hijo y padre-hijo como núcleo del desarrollo de la personalidad del niño y al cual el niño tiene el mismo derecho tanto como a la alimentación y educación.
Los padres tienen la responsabilidad de proteger a nuestros hijos, no pueden ser los primeros en dejarlos desprotegidos o en estado de indefensión.
Conclusiones y reflexión final.
Se puede concluir que lo fundamental de ser padre es el amor, el compromiso y la responsabilidad. Para que el padre pueda cumplir con las obligaciones naturales de su paternidad es necesario primero que nada, que esté informado sobre los derechos de su hijo y de sus obligaciones como padre, conocer las necesidades que su hijo presentará en cada etapa de su desarrollo, y sobre todo, que se prepare como padre y como persona ya que el ejemplo y los valores que le enseñe a su hijo serán determinantes para cumplir con la misión fundamental de ser padre.
Referencias bibliográficas.
Chávez, M. A. (2008). Tu hijo, tu espejo. México: Grijalbo.
Goldberg, B. (2004). Tuyos, míos, nuestros: Cómo rearmar y disfrutar la familia
después del divorcio. Buenos Aires: Grupo Editorial Lumen.
Recuperado de http://www.iape.edu.mx/
publicaciones/ 7-desarrollo-humano/30-lo-fundamental-de-la-familia
López, R. (2010). Cómo lograr que la separación o el divorcio afecten menos a tus hijos.
México: Editores mexicanos unidos, S. A.
Polaino, A. (2010). ¿Hay algún hombre en casa?: tratado para el hombre ausente.
España: Editorial Desclee de Brouwer, S. A.















